lugares para conectar
para un reset suavecito
Entre el estilo de vida que normalmente se adopta cuando uno vive en una ciudad —más en la caótica CDMX—, los pensamientos que van y vienen al mil por hora , las listas interminables de pendientes, y la sensación constante de que todo es una competencia, a veces es justo y necesario regalarnos un ratito para volver a lo más básico y lo que debería ser normal en nuestra rutina: leer sin prisa, ponerle atención a las letras de las canciones, aburrirnos, comer lento o dormir más horas de las “permitidas”.
Recientemente he descubierto dos lugares en CDMX que te invitan justo a eso, a pausar con intención, a volver al presente y a nosotros mismos. No solo eso, convierten el acto en una verdadera ceremonia.
Sona Space
Lindo, lindo, lindo
“This is a space for the art of listening” es la frase que se puede leer en la puerta de cristal de este gran gran lugar.
Sona no es un listening room como los que se están poniendo de moda, es más bien un espacio para la escucha profunda, sin distracciones, sin alcohol, sin nada más que acompañe el momento.
Con una cartelera muy variada durante toda la semana, ponen una selección de álbumes que van desde artistas como Radiohead, Rhye, Frank Ocean o soundtracks de películas como Sirat.
La experiencia, a mi punto de vista, es todo un ritual. Tomas un té calientito antes de tu sesión, te quitas los zapatos y guardas tu celular. Durante la sesión estás en una habitación casi a oscuras escuchando el álbum de tu selección a través de sus sistemas de sonido Hi-Fi (OJAS o Dolby Atmos), en completa atención y conexión con tu cuerpo, pensamientos y emociones. Hay almohadas, antifaces y cobijas, lo que sea que necesites para sentirte cómodo durante la sesión. Al salir, otra dosis de té calientito es el cierre perfecto.




Ya tuve la oportunidad de escuchar el álbum In Colour de Jamie xx y Dancehall de The Blaze y no puedo dejar de pensar en qué álbum será el siguiente para mi repertorio.
Es algo que vale toda la pena. Yo no he visto ningún otro lugar con ese concepto — en su página describen que su propuesta se inspira en los jazz kissas japoneses de finales de los años 20’s y en las Sonic Meditations de Pauline Oliveros—. Habrá que ver si surgen mas espacios así en CDMX, que la verdad yo amaría.
Si crees que esto no es para ti, también tienen una galería de arte o puedes ir solo a comprar un té y revisar su colección de libros.
Considero que es una alternativa cuando buscas un plan fuera de lo típico para una date o momento especial.


Jellyfish
No sé quién decoró este lugar pero me encanta. Tiene la misma vibe que su restaurante Choza que, si no has ido, agrégalo a tu lista de pendientes ASAP pues es un must en la ciudad.
Este espacio precioso se oculta tras una puertita de madera en la calle San Luis Potosí, esquina con Monterrey. El lugar es pequeño, yo creo que para unas 20 personas y su objetivo es invitar a cada persona a tomarse un momento de su día para leer, pintar, escribir, pensar, escuchar, o solo disfrutar en calma y nada más.
Me esforzaré por describirlo porque no tengo fotos, y es que una de las peticiones para que disfrutes más la visita es no usar el celular —sin quejas la verdad—.
Entrando de lado derecho hay un librero enorme, donde podrás encontrar obras de Haruki Murakami, el recetario Appetites de Antony Bourdain o hasta libros que recapitulan la historia del Hi-Fi o las obras de Leonora Carrington. Del lado izquierdo hay más libros y una sala preciosa con dos ventanas y plantitas. Lo primero que ves cuando entras es una mesa vieja de madera con cuatro sillas, ahí encontrarás muchos cuadernos, lápices, acuarelas, gises pastel y más para que pongas a volar tu imaginación. Al fondo, la barra de vinilos y la zona donde preparan el café y el té. Yo probé el té Oolong de Kettl y lo disfruté muchísimo mientras revisaba una revista de jazz kissas del 2014.
El punto es que en cada rincón hay herramientas para que explores, juegues con tu imaginación y hagas esas actividades que nos ayudan a pausar y regresar al presente.



